
Al ir de compras a un mercado tipo Ipiales o los San Andresitos bogotanos son casi un llamado al regateo. Los precios de los productos están claramente inflados (lo hacen casi a sabiendas de que terminarán vendiendo a un precio menor) y el que no regatea es un iluso. Pero hay cosas con las que no se puede regatear: por ejemplo, un gobierno no puede regatear con el sector agrícola por un tema de desarrollo democrático y soberanía alimentaria.
Resulta que hace varias semanas en un país no muy lejano llamado Ecuador, varios gremios de industriales balanceadores entre ellos PRONACA y AFABA; y aceiteras como la gran ALES decidieron dejar de comprar la cosecha de soya a varios productores locales. La soya es un insumo fundamental para la fabricación de balanceados y aceite de cocina. Al ser consultados al respecto representantes de PRONACA manifiestan que solo receptan la gramínea a través de los gremios Asociación de Productores de Ciclo Corto - APROCICO, Asociación de Productores Agropecuarios de Ventanas -APAV y Asociación de Productores Arroceros de los Ríos - APAR. Bueno, en realidad los términos de la respuesta son: "Hay que hablar con Guido Silva primero." Guido Silva es, además de Presidente de APAR, Concejal de Babahoyo por la Sociedad Patriótica.
Esta arbitraria decisión de los industriales viola el Acuerdo Ministerial No. 146 del MAGAP, que el 4 de septiembre de 2008 ratifica el compromiso de ellos de una absorción total de la cosecha nacional de soya (aproximadamente 70.0000 toneladas). ¿Entonces, cómo es que los industriales ponen restricciones a la compra de soya? Porque el mismo gobierno les abrió la puerta para que lo hagan.
Un mes después de firmado el Acuerdo Ministerial anteriormente citado, los representantes del gobierno inventaron un figura "revolucionaria" (revolucionaria en tanto que viola la resolución 435 del COMEXI que dispone una plena absorción - plena - de cosecha nacional antes de proceder a importar el déficit de insumos agrícolas): la absorción parcial de cosecha de soya. Esta nueva y "revolucionaria" figura habla de la absorción de 35 mil toneladas por parte de la industria, permitir la exportación de 20 mil toneladas a Colombia y las 15 mil restantes las adquiriría el Estado para su almacenamiento en la UNA.
Entonces, industrias como PRONACA han decidido que solo receptarán la soya de los gremios APROCICO, APAV y APAR. Ahora, dónde se complica la cosa: alrededor del 95% del universo de productores de soya nacional no están agremiados y menos aún participan de APROCICO, APAV y APAR. Los tres gremios aludidos representan no más del 5% de la totalidad de la cosecha de soya, es decir, unas 3.500 toneladas. Las restantes 66.500 toneladas, están siendo forzadas a entregarse a alguno de los tres gremios y pagar 10 centavos por quintal de soya comprada (la polémica colaboración voluntaria que consta en el vogente Acuerdo Ministerial No. 125 de 2005). Y si no quieren hacerlo, pues fácilmente pueden importar torta de soya y fin de la historia ante una escena de descomprometimiento de la industria con el desarrollo del país. La práctica es repudiable y lamentable, sobre todo considerando que el gobierno ha optado por aliarse con PRONACA para el programa Socio Solidario que busca atacar el tema del alza de precios de la canasta básica.
Se ha regateado con los soyeros. Y cuando una crisis alimentaria mundial asecha y el gobierno habla de redistribución de la riqueza y un nuevo socialismo, con los pequeños y medianos agricultores no se debe regatear. Los afectados directos hablan de movilización. Tienen casi la obligación.

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