martes, 4 de noviembre de 2008

En Bogotá, todos los caminos llevan al Cartucho

Antes de salir de Quito, Henrry (un querido amigo y colega de oficina) me preguntó: ¿Y harán "turismo de riesgo" en Bogotá? Se refería a mi viaje que, junto a a un amigo del colegio y la universidad (Javier), haría a Bogotá con la excusa de tomar unos días libres de la rutina laboral e ir al Rock al Parque. Por turismo de riesgo Henrry se refería a ver la otra cara de Bogotá, distinta a la clásica subida a Monserrate, la 93 (el distrito de la rumba) o incluso la alternativa y guapa Candelaria. La otra cara de Bogotá son las áreas repletas de indigentes, de venta de drogas y donde el atraco se siente a cada paso. Pues sí, traríamos de ver el Bronx y la Ciudad Bolívar.

El Bronx está a pocas cuadras del centro de la ciudad, a pocas cuadras de lugares como la Casa de Nariño, la plaza Simón Bolívar y la misma Candelaria (la vieja, porque la nueva queda en las mismísima Ciudad Bolívar). Caminando del centro de la ciudad en dirección occidente, aquellos turistas que quieren incursionar en el "alto riesgo," se encontrarán brevemente con el Parque Tercer Milenio, que otrora sería al Barrio del Cartucho. El Cartucho, antes de ser demolido (literal y figurativamente) por la regeneración urbana y limpieza social era posiblemente el barrio más denso de Bogotá: invadido por los vendedores de todo tipo de drogas, delincuentes e indigentes.

Al demolido Cartucho le ha tomado la posta su vecino el Bronx, donde está la famosa "L." Hay que atravesar el Parque Tercer Milenio para llegar allá. Nosotros decidimos no hacerlo y preferimos rodearlo e ir por el lado de San Victorino donde las ventas y la circulación de gente abundan, razón por la cual es posible que te "metan la mano al bolsillo" pero menos probable que te aborden con un "chuzo" (cuchillo) como en el parque.

Tras el Tercer Milenio se encuentra uno con la catedral del Voto Nacional en cuyo frente hay una plazoleta llena de indigentes y vendedores de cachibaches y artículos robados. "¿Tienen I-pods?" preguntamos por curiosidad a uno de los cachineros. "Esos llegan por la tarde" nos respondió -por si a alguien le interesa saber-.

Al lado izquierdo del templo católico, se encuentra la entrada al Bronx, semi-bloqueada por unas vallas que seguramente provee la misma policía local. Curiosamente el Bronx queda justo dentrás de una base militar pero adentro de esas pocas cuadras no hay orden ni ley.

Nos acercamos a dos militares que resguardaban la base para hacerles algunas preguntas y adoptar una primera posición para mirar hacia aquellas pocas cuadras que algunos bogotanos nos comentaron es el "infierno." Ante nuestra pregunta de si se puede entrar sin ningún problema, uno de los uniformados respondió: "Se puede entrar pero el problema es salir. Cuando no lo conocen se lo pegan enseguida. Y cuando uno sale es cuando lo atracan." Mientras hablaba con nosotros, su compañero espantaba con su arma, a un gamín que se nos había acercado.

Desde nuestra "segura posición" miramos con respeto, curiosidad y recelo hacia aquellas pocas cuadras. Decidimos caminar por sus calles aledañas y apresurar el paso ya que con nuestras preguntas habíamos seguramente despertado algunas miradas sospechosas. A nuestro paso continuábamos hablando con la gente quienes continuaban diciendo cosas como " se puede entrar, pero el problema es salir," "los vendedores de drogas cuidan que quienes ingresan no sean atracados, pero aquella protección dura hasta cuando uno ya compró y sale," " si a uno ya lo conocen no hay problema," etc. El punto es que al nuevo Cartucho entra quien quiere, pero hay que saber salir.

Al día siguiente, luego de un día de compras en la zona norte de la ciudad, tomamos un bus de vuelta para el centro ya en horas de la noche. Nuestra intención era llegar hasta la avenida Jiménez que sube hasta la zona de la Candelaria, en dónde nos hospedábamos. Claro, no tan abajo para no castigar a los pies. Pero además, más abajo por la zona de la Jiménez está San Victorino, Parque Tercer Milenio y más al occidente, el Bronx.

Enganchados en algún comentario se nos pasó la Jiménez y rápidamente nos bajamos del bus para encontrarnos en el frente del parque del ex-Cartucho. El castigo a los pies fue inevitable, ya que de ahí a la Candelaria hay varias cuadras. Pero la caminata además implicó un constante gambeteo a los indigentes que se acercaban. La gente de Bogotá dice que lo peor que te puede pasar es que se te acerque un indigente a robar. Según ellos, por su estado mental, si te quieren robar, hasta por 50 pesos te pueden meter el "chuzo." No nos encontramos, o tal vez, nos escapamos de un cuadro como ese, pero si que vimos de cerca la muestra viva de un país que tal vez crece, pero con unos niveles absurdos de desplazamientos por la violencia, de exclusión y de concentración de la riqueza.

Dos días después volvíamos de la zona del Salitre hacia la Candelaria. Eran como las seis de la tarde. Fue el día que nos dimos cuenta que hay ahora, no una sino dos Candelarias. Tomamos un bus que nos llevaba supuestamente el barrio de nuestra hostal, pero bajamos pasado la Candelaria Sur en San Francisco. El lugar era parecido a la Villaflora o Chillogallo, barrios de clase media y media baja en Quito. Cuando nos indicaron que para ir al centro había que tomar el alimentador del Transmilenio, llegar a la parada final y de ahí tomar para el centro, nos dimos cuenta que habíamos llegado muy al sur de la ciudad. Ya en la Candelaria Centro, el administrador de la hostal nos indicaría que el lugar donde habíamos estado era Ciudad Bolívar, aquel destino que no habíamos recorrido en días anteriores por cuestiones de tiempo. En nuestra breve caminata por Ciudad Bolívar no nos sentimos inseguros, pero se sabe que el lugar es víctima de las pandillas y ocupado en buena parte por fuerzas paramilitares que protagonizan cuadros de reclutamiento forzoso.

Trasmilenio nos llevó en dirección norte hasta la Jiménez pasando por frente al Bronx y al Parque Tercer Milenio. La sensación era como de una atracción al lugar. Mientras miraba las decenas de indigentes que deambulaban el lugar, Javier me dijo: "Parece que todos los caminos llevan al Cartucho." Y sí, se sentía el llamado de aquellas pocas cuadras que algunos bogotanos llaman infierno y que ya tres veces habíamos visto de cerca pero todavía no desde su mismo interior. Esa era la sensación, la de entrar... pero habrá que aprender a salir.

2 comentarios:

david muñoz dijo...

Un relato sin fundamentos verdaderos es cierto que en el bronx se siente a leguas la drogadiccion y la pobreza,pero es un lugar mas seguro que el resto de bogota o de muchas ciudades en latinoamerica, y tampoco tiene ningun parecido a ciudad bolivar, tampoco tiene punto de comparacion candelaria la nueva a la colonial,IGNORANTES ..............Y les dio miedo pasar por el lado del bronx se les nota lo maricones miedosos que son ............la proxima vez que quieran hacer un relato de esta clase informesen bien antes de crear una mala fama para la ciudad .........

pixelesyvectores dijo...

Hombre que le digo, Bogotá tiene lugares muy interesantes, tal ves si se hubiera informado mejor y al llegar hubiese buscado una organización social que haga trabajo de ayuda tanto en el Bronx como en Ciudad Bolivar habia podido entrar, compartir, conocer, pero como turisma de Iphone en la mano en cualquier lugar del mundo se puede sentir inseguridad.