domingo, 22 de febrero de 2009

Buddy Holly y el día en que... la miopía entró a mi vida

Buddy Holly, pionero del rock and roll, miope y de anchas gafas, falleció en un trágico accidente aéreo el 3 de febrero de 1959. Luego de haber abandonado a The Crickets, emprendió una gira en solitario junto a Ritchie Valens y Big Popper. Estos murieron junto al rockero miope hace 50 años. Esta fecha sería perennizada por Don McLean en su popular "American Pie" como el día en que la música murió (...the day the music died).

Buddy Holly hizo de su miopía, y los conseguientes lentes correctivos un emblema personal, al igual que otros como John Lennon y Elton John. Aunque sin la severidad del caso de Buddy Holly, y sin el menor afán de incorporarla como símbolo personal, la miopía (con un toque de astigmatismo) ha entrado a formar parte de mi vida.

La miopía ocurre por un exceso de potencia de los medios transparentes del ojo con respecto a su longitud.  Como consecuencia de esto, los rayos luminosos procedentes de objetos situados a cierta distancia del ojo convergen hacia un punto anterior a la retina. En palabras más simples, la miopía es la "mala visión de lejos." Dicen que la miopía generan cansancio visual, dolores de cabeza e incluso puede devenir en estrabismo (desalineación de los ojos, piénse en Nestor Kirchner).

El astigmatismo en cambio ocurre por un problema en la curvatura de la córnea que impide que el ojo enfoque los objetos de una manera clara, tanto de cerca como de lejos. En otras palabras, el astigmatismo es cundo se ve "medio borroso" o muy borroso." Al tratar de acomodar el ojo para ver mejor, se fuerzan los músculos oculares y se pueden provocar dolores de cabeza.

Todo esto para decir que luego de una mañana de trabajo, luego de un examen visual en una óptica quiteña, ese fue el diagnóstico: Miopía (0.25) y Astigmatismo (-1). Hace 5 años en que me hicieron mi último examenen de vista para poder entrar al equipo de lucha de Fairfield Jr. Sr. High (donde hice un año de colegio), el resultado fue: visión de 20/20. Ciertamente la lucha "folk" no afecto mi visión, pero seguro que los varios años de 14 horas diarias de computador tuvieron una cierta complicidad con las Leyes de Mendel.

Luego del diagnóstico viene la dura decisión relativa a cambiar la cara de uno: el tipo de lentes. Yo opté por unos al estilo Buddy Holly (bueno, no tan grandes)  que según mi amiga y colega Anabel E. son los de moda. Desconocía el status de "moda" de aquellos, pero lo he ido corroborando en mi deambular por las calles de Quito y Guayaquil.

De todas formas, aunque la moda incomoda, las opiniones han sido varias (La Sa A. dijo que se me ve como un "nerd" y el Cuco dijo que debería "pegarle al de la óptica," otros dicen que "no están mal"), el mundo no se ve de otra manera. Sigo viendo las cosas en una combinación de como las quiero ver o como la cultura nos obliga a verlas y construirlas.... pero claro, en imagenes menos borrosas. Me pregunto si el lenguaje que ahora usan mis sueños para liberar pulsiones repimidas es menos miope y menos borroso. De momento, no he notado la diferencia. Y claro (tanto como ver el computador con mis nuevos lentes) Buddy Holly sigue siendo un grande, y hace cincuenta años, una parte importante de la historia del rock and roll murió... February, 3rd, 1959, the day the music died.

De candidatos y quiteños libres

Un día como ayer, 21 de febrero del año 1747, nace uno de los principales personajes de la historia ecuatoriana: Eugenio de Santa Cruz y Espejo. Hijo de indígena quechua peruano y una mulata quiteña, fue el autor entre muchas otras cosas del periódico “El quiteño libre,” aunque su legado más destacado es el considerado primer periódico de la época colonial: “Las primicias de la cultura quiteña (1792).” A Espejo, quién fuera médico y abogado, se le atribuye las primeras ideas estructuradas en pos de la emancipación de España y se lo considera como el inspirador del los próceres del 10 de agosto de 1809.
La idea de quiteño libre nos remonta, a muchos, a la figura de Espejo. Aunque 40 años después en la historia de Ecuador, resucita en las ideas de un grupo de jóvenes opuestos al gobierno del General Juan José Flores. El más destacado de ello, Pedro Moncayo. El 13 de mayo de 1833, dan vida a un semanario dominical crítico que se denominaba de nuevamente “El quiteño libre.” Este periódico fue tribuna para denunciar los abusos, corrupción y la serie de arbitrariedades del primer gobierno de la naciente república que llevaron a la denominada Revolución antifloreana del 12 de octubre de 1833.

Luego de exactamente 200 años del primer grito de independencia y nacionalismo, ¿qué significa ahora el “quiteño libre”? Hago esta reflexión en el marco de las elecciones generales del próximo 26 de Abril en que vuelve a nuestros oídos aquella frase. Pero no desde la lectura en voz alta de la historiografía ecuatoriana, sino desde su utilización como slogan de campaña. Para quienes no han tenido el disgusto de escucharlo ya, me refiero al candidato más reaccionario a la alcaldía de nuestra ciudad capital: Nelson Maldonado, “el quiteño libre.”
Maldonado ha llenado a la frase “quiteño libre” de su visión tradicionalista de la ciudad, excluyente de las clases y barrios populares y su intolerante aversión al cambio. Basta escuchar su programa radial “En su punto” en la 93.3 FM para corroborar la aseveración. Para hacer un poco de memoria histórica, este quiteño fue cabeza visible de la las denominadas “marchas blancas” que, en la línea con las movilizaciones de Nebot en Guayaquil, se opusieron a los aires de cambio que embanderaba la nueva constitución. Al “compás del piano” (ya que es un reconocido músico, no en las esferas populares, sino en el imaginario aristocrático de algunos quiteños) ¿a dónde nos quiere llevar este señor?

El clamor libertario del “quiteño libre” requiere a la vez una recuperación en nuestra memoria histórica (y qué mejor hacerlo a los 200 años del primer grito de independencia, festejo que en buena hora trata de desplazar a las festividades de fundación y conquista española que vienen acompañadas de toros, botas de vino y acentos fingidos) pero a la vez una redefinición. El “quiteño” de otrora debe ser ahora el pueblo ecuatoriano, desde una visión nacionalista pero también latinoamericana. Y si “libre” significaba para Espejo, el romper con el yugo español y el mercantilismo colonial para dar paso a la autodeterminación y el libre comercio, hoy debe significar la posibilidad de construir un país digno y soberano en el marco de las relaciones internacionales, un país donde se acorten las brechas generadas por el libre mercado, un país donde se garanticen los derechos y se respete las diferencias, un país donde el buen vivir pase de ser un ideal a ser una realidad.

Acoger al “quiteño libre” como lo entiende y usa Nelson Maldonado, es alejarnos de la posibilidad de apropiarnos de nuestra historia y aplicarla críticamente a nuestra realidad actual. A propósito del natalicio de Espejo doy un puntapié al marketinero slogan de Maldonado (espero que lo mismo hagan la mayoría de quiteños votantes el próximo 26 de abril) y me quedo con el quiteño libre de 1792 y el de 1833 como elementos para pensarnos críticamente como ecuatorianas y ecuatorianos libres en el siglo XXI. ¿Con quién se queda usted? Si necesita más info, escuche “En su punto” en la 93.3 FM bajo su propio riesgo y posible indignación (aunque si gusta del piano clásico puede que no resulte una experiencia muy traumática).